jueves, 7 de octubre de 2021

II

 ¿Qué pasa ahora? ¿Qué pasa si ya no quiero ser libre? Qué pasa si me acostumbré tu mazmorra húmeda y fría, a tus cadenas, al beso oxidado del hierro en mi piel magullada, si amo el látigo que me desgarra ardientemente y el dolor que me hace gemir, el placer de la sangre al correr por mi espalda, si odio ver como se desvanecen los moretones violáceos, si no se quien soy sin tus labios arrancándome los besos a mordidas, sin tus manos enredándose en mis cabellos… ¿Qué pasa si ya no quiero ser libre? Si prefiero la oscuridad y la esclavitud, arrastrarme por el suelo mugriento junto a todos tus demonios antes que la insípida y luminosa normalidad donde me has abandonado, tómame, desnúdame, arrójame al fondo del pozo, mi lujuria pertenece a tu oscuridad esta libertad es mi condena de muerte.

lunes, 27 de septiembre de 2021

3 pequeños y perturbadores hechos que ignoras

 A lo largo de nuestra vida muchas cosas grotescas o mórbidas llaman nuestra atención causándonos terror y repulsión, sin embargo, existen pequeñas realidades que muchas veces ignoramos, que pueden no ser tan grotescas o gráficas como grandes asesinatos o masacres innombrables, pero aún así son un reflejo inequívoco de la muerte. 

  • Sabías que las risas que escuchas en las series de televisión cuando ocurre algún momento gracioso fueron grabadas entre 1945 y 1950... esencialmente estás escuchando gente muerta reír.

  • Entre los restos de la destrucción causada en Hiroshima quedaron tatuadas en el asfalto las sombras inmóviles de las víctimas de la radiación, como un macabro recuerdo de aquellos que perecieron en el macabro suceso y su posición exacta cuando la radiación los alcanzó.   









  • Muchas veces los cuerpos de las personas que han muerto intentando escalar el Monte Everest
    han sido dejados allí debido a lo inhóspito del área y se han transformado en un tipo de señalización tétrica para el resto de los viajeros que se aventuran a escalar la caprichosa elevación. Por ejemplo el cuerpo que se muestra en la foto, no fue identificado y pereció en la alturas, convirtiéndose en referencia para viajeros y turistas  quienes lo apodaron "botas verdes", desde 1996 hasta el 2017, que fue enterrado por un grupo de escaladores que decidieron brindarle al fin un lugar de descanso al aventurero caído. 

lunes, 20 de septiembre de 2021

El horror del silencio

 Anclada a una mesa, inmóvil, el hedor oxidado de los grilletes que ataban sus manos invadía su nariz, su respiración entrecortada se aceleraba para igualar el ritmo creciente de los latidos de su corazón, mientras sus ojos intentaban escapar de sus órbitas buscando una salida de aquella visión surreal.

 De repente irrumpió en la sala con la respiración pesada y andares bruscos, al principio lejano de su campo de visión, le sintió mover objetos que dejaban escapar quejidos metálicos bajos sus manos, mientras balbuceaba gruñidos imperceptibles.

 No pasó mucho para que sintiera su respiración acercarse y su mano tosca acariciando su cabello, el grito que se gestaba en sus entrañas desde que despertó bajo la luz helada y pálida de la lámpara que colgaba del techo, escapó y rebotó en las frías paredes, seguido por una risa horrorosa que evocó sus lagrimas. 

Imagen por @sinescrúpulus maximus

Él pasó de largo recorriendo su cuerpo desde la cabeza hasta los pies, con un toque imperceptible de sus dedos, que a ella le erizó la piel despertando una sensación vomitiva en sus entrañas y entonces lo vio, su rostro barbudo y sus ojos vacíos, ausentes, carentes de emoción, muertos.

 Trozos de cadenas se enredaban en su cabello y en su cabeza a forma de casco deforme yacía un cráneo animal incrustado en su piel, con amenazantes colmillos y cunecas vacías que cuando daba su gigantesca espalda parecía mirarla a través de sus ojos ausentes.

 De espaldas a ella el gigantesco monstruo ubicaba todo tipo de herramientas punzantes en una mugrienta bandeja de metal. Ella lloraba, las lágrimas brotaban a borbotones de sus ojos azules mientras rogaba a dios, al diablo o la parca misma morir en aquel preciso instante, antes que tener que sufrir el  destino que le deparaban las manos de aquel demonio.

De repente se giró y con una sonrisa gélida dibujada en su rostro se aproximó a ella, rasgando el aire con un afilado bisturí en sus manos, acariciando su piel nuevamente, esta vez de pies a cabeza y con la punta del frío instrumento.

Cuando estuvieron cara a cara ella dejó de llorar, él de sonreír y moviendo su mano derecha sacó del bolsillo de su bata amarillenta una jeringuilla , ella volvió a llorar mientras movía su cabeza en negación, el volvió a sonreír mientras hundía la aguja en su brazo.

 De repente todo empezó a desvanecerse, ya no recordaba donde estaba, cada vez era mas difícil mantener los ojos abiertos y la oscuridad se apoderó de ella.

Quien sabe cuanto después volvió del profundo sueño , solo que ahora la oscuridad no se desvanecía, abrió sus ojos pero solo halló sombras, parpadeó pero ya no podía ver …ya no podía ver..

El aroma del óxido aun llegaba a su olfato y los grilletes impedían su movimiento, desesperada, enajenada solo podía gritar pero ningún sonido escapó de su garganta, con todas sus fuerzas intentó un último aullido, luego un quejido leve seguido de una simple palabra pero nada ..ni un sonido escapó sus labios, ni un quejido, ni un susurro.

Mientras, sentado en silencio frente a ella, él observaba en un delicado frasco los dos ojos azules que antes lloraban de miedo y en su mano el bisturí sangriento con el que cercenó sus cuerdas vocales.

viernes, 17 de septiembre de 2021

1980( primera parte)

Foto de Lucas Pezeta en Pexels

 .....Las últimas palabras que me susurraste lentamente aun me persiguen, se que aún estás ahí, acechándome, puedo sentir tu corazón latiendo en mi cabeza…

                                                                                 I

Con la respiración entrecortada y un dolor punzante en el pecho despertó, de un brinco intentando escapar la pesadilla que se disfrazaba de realidad, interrumpiendo a su vez el sueño de la chica a su lado quien amorosamente le acarició la desnuda espalda preguntándole en un bostezo:

¿Estás bien cariño, pesadillas de nuevo?

Él respiró profundamente, surcando con los dedos sus negros cabellos y se levantó de golpe de la cama, se detuvo frente a la enorme ventana que mostraba a la ciudad en su máximo esplendor, con la mirada perdida y la mente aún ausente, recuperándose de aquel horrible letargo.

La vista del varonil cuerpo desnudo junto a la panorámica de la majestuosa urbe, arrancó un lujurioso suspiro de su pecho, era lo más cercano a la perfección que ella podía imaginar.

-No sé si podré vivir mucho tiempo sin esta vista, murmuró dejándose caer de espaldas nuevamente en la cama. -

-No será por mucho pequeña- susurró la ronca voz varonil, volteándose hacia ella

-No tengo el menor interés en regresar a ese agujero decadente, solo serán unos pocos días para hacer frente a todo el papeleo referente al testamento, ni siquiera sé porque mi abuelo me ha dejado esa infernal casa-

- ¿Al fin y al cabo, es la casa de tu infancia cariño, a quien mejor? -

No lo sé pequeña, sinceramente no puedo esperar a que todo esto termine y regresemos a nuestra vida normal y no pensar nunca más en ese lugar- dijo metiéndose de nuevo en la cama y refugiándose como un niño pequeño en el pecho de su amada.

-Venga, basta de quejas, llorica, todo estará perfectamente, pongámonos en marcha o nunca llegaremos a tiempo- dijo ella con autoridad fingida, y concluyó mordisqueándole la oreja juguetonamente.

Aún nos queda tiempo, dijo él sonriendo pícaramente mientras recorría ascendentemente el delicado interior de sus muslos con su mano y sometía su boca en un beso ardiente.

                                                                           

   II

¿Dime de nuevo cuánto nos tomara llegar? Preguntó Alice mientras entraba al coche recogiendo su rubia caballera en una coleta despreocupada

-Alrededor de 6 horas si tenemos suerte y no hay mucho tráfico – contestó él mientras lanzaba con prisa arrolladora las maletas a medio hacer en el asiento trasero.

-Pues venga Rafa, que llevamos una hora de retraso –dijo Alice con la sombra de una sonrisilla juguetona en su rostro.

Él arranco el motor mientras sus ojos recorrían su cuerpo con deseo, diciendo- muy poco nos hemos demorado-

A lo q ella contesto con una risa tímida que ahogó con su mano tan pronto como escapó de sus labios.

Entre risas, selfies y pequeñas siestas de Alice transcurrió el tedioso viaje. Rafa se mostraba apacible, haciendo reír a su amada con muecas graciosas y ejecutando un desafinado dúo con la voz de Bon Jovi que emergía de la radio entonando con vigor Cowboy.  Hasta que se enfrentaron cara a cara con la bienvenida a su destino en forma de cartel de carretera donde las letras de un turquesa desteñido anunciaban carentes de gracia o alegría: “USTED ESTÁ ENTRANDO EN RIVERSIDE “y en el rostro de Rafa se dibujó una nube gris, reflejo de la tormenta que se gestaba en su interior.

Alice pretendió ahogar la tormenta casteando un rayo de sol escondido en un grito de felicidad - ¡Hemos llegado, wiii! –

Pero la tormenta engulló su gritito de alegría antes de que llegara a los oídos de Rafa, quien escudriñaba cada milímetro del mugroso cartel, como quien ansía descubrir que sus ojos le juegan una mala pasada y no es real lo que se alza ante su mirada, Alice sorprendida y temerosa de la expresión facial que no conocía hasta ahora en su pareja,  puso su mano sobre su pierna y trató de enlazar los ojos con los suyos mientras enunciaba dulcemente

-todo irá bien amor solo serán unos días-

Él tragó en seco y continuó en silencio, arrancando el coche con el rugido feroz el motor y la mirada fija en la carretera. Alice retiró la mano, devolviéndola a su regazo y guardó silencio, deseando en ese momento poder hacerse invisible, su vista escapó presurosa por la ventana del auto, examinando el paisaje que se dibujaba a su alrededor, el  pequeño pueblo, a través de la ventanilla, parecía realmente pintoresco y refrescante mientras Rafa conducía silente pasaron heladerías, pequeñas tienditas muy atractivas, parques  rebosantes con niños juguetones  y hermosas casas con jardines floridos que añadían una nota de color a la fisonomía el vecindario otorgándole un aspecto acogedor, de repente, mientras se adentraban en las profundidades del pueblo las casas comenzaron a ser más distantes entre sí y  los floridos jardines y vallas blancas que las ataviaban se transformaron en sólidos muros grises, que amenazaban con erguirse hasta las nubes, ocultando  cualquier signo de vida en su interior.

De repente, mientras la mirada de Alice vagaba curiosa, buscando una grieta en los orgullosos muros, Rafa tomó un giro brusco a la izquierda, que la hizo golpear su cabeza con la ventanilla, el sonido hueco seguido de un quejido casi infantil tampoco provocó reacción en Rafa, que comenzaba a palidecer ante los ojos incrédulos de Alice que frotaba su cabeza, sacudiéndose el golpe. Luego de unos metros la polvorienta carretera los llevó delante de un portón negro que se erguía imponente impidiendo el camino, como un cancerbero de hierro que resguarda la entrada del infierno.

-Hemos llegado- murmuro Rafa, lúgubre, mientras salía del auto cerrando la puerta de un tirón

 Alice asomó la cabeza por la ventilla, mientras admiraba boquiabierta la magnitud de la puerta Rafa llamaba al timbre donde una tosca voz, perceptiblemente descortés contestó:

- ¡Diga! -

Rafa guardó silencio por un eterno minuto, apoyando su frente en el timbre con los ojos cerrados, la voz inquirió molesta:

-¡Quien es!-

Sin separar la frente del timbre y apretando los párpados, como quien se prepara para recibir un gran golpe contestó súbitamente:

Restos de ti

 Con un toque gélido acarició su dorada melena mientras observaba su cuerpo inerte, sujetó su cabello a las garras oxidadas de pinzas colgantes q descendían inertes  desde el techo, levantó su rostro, tomándolo entre sus manos y besó sus boca ausente. Con la sombra de una sonrisa maligna en los labios dibujó líneas discontinuas en su frente marcando el lugar.

El dolor agudo del bisturí recorriendo el camino dibujado la despertó de su letargo para encontrase atada y amordazada, mirando con la sangre helada  a su amada sentada en su regazo rasgando su piel con el frio instrumento.


Mientras la sangre corría por su rostro y las lágrimas de terror brotaban de sus ojos la vio levantarse y sonreírle mientras decía :

-Siempre amé tu cabello de oro, fue lo que me cautivó de ti, los matices de la luz del sol al bañar  tu cabello, y luego de tantos años no puedo soportar q sea de alguien más, así que... tú te vas pero tu cabello me lo quedo-. 

Y con indiferencia accionó la palanca que hizo descender la silla arrancando con un sonido viscoso  y un grito ahogado de dolor el cuero cabelludo de su cabeza.

II

 ¿Qué pasa ahora? ¿Qué pasa si ya no quiero ser libre? Qué pasa si me acostumbré tu mazmorra húmeda y fría, a tus cadenas, al beso oxidado d...